La epilepsia es una enfermedad crónica del sistema nervioso central, que se manifiesta en forma de crisis inesperadas y espontáneas, desencadenadas por una actividad eléctrica excesiva de un grupo de neuronas hiperexcitables.
Para hablar de epilepsia hay que haber padecido, al menos, dos crisis.

Las crisis epilépticas por sí mismas no son una epilepsia, sino que son un síntoma o trastorno motivado por múltiples causas que producen irritación y funcionamiento anormal transitorio de las neuronas.

Según la más reciente definición de la Liga Contra la Epilepsia (ILAE) (2005), la epilepsia es un trastorno del cerebro caracterizado por una predisposición duradera a generar crisis epilépticas y por las consecuencias neurobiológicas, cognitivas, psicológicas y sociales de esta condición.

Se amplía así el concepto de epilepsia, que incluye no solo la presencia de crisis epilépticas, sino también sus repercusiones físicas, psicológicas y sociales.

Se considera que una persona tiene epilepsia, cuando queda demostrada su predisposición a sufrir crisis epilépticas espontaneas en una de las dos siguientes maneras:

  • Cuando ha presentado más de una crisis epiléptica, con intervalo mayor de 24 horas entre una y otra, sin que exista un factor causante directo.
  • Cuando ha presentado una sola crisis epiléptica espontanea, es necesario demostrar con los medios diagnósticos habituales que las crisis epilépticas tengan tendencia a repetirse.

Esto es importante, porque aproximadamente a la mitad de las personas que tienen una primera crisis epiléptica espontánea, no les repite más, y por lo tanto no padecen epilepsia.

Puede comenzar a cualquier edad pero lo hace con más frecuencia en las edades extremas de la vida, en la infancia antes del año de edad y en personas mayores de 65 años. La prevalencia en personas mayores de 65 años es del 1 por ciento y se va incrementado con la edad.

La prevalencia de la epilepsia activa oscila según los estudios entre el 0,4 y 0,8% de la población general, lo que quiere decir que en un momento determinado, 8 de cada mil personas padecen epilepsia. Estos datos aplicados a la población española (46 millones) indican que actualmente entre ciento ochenta mil y trescientas sesenta mil personas padecen epilepsia en nuestro país.

La incidencia, de la epilepsia en España se estima en 50 casos nuevos por 100000 habitantes y año, lo que supone veinte mil casos nuevos en España cada año aproximadamente.

La epilepsia es la segunda enfermedad neurológica más frecuente después de las cefaleas y puede afectar a cualquier persona a cualquier edad.

  • Debido a que la epilepsia se produce a causa de la actividad anormal del cerebro, las convulsiones pueden afectar cualquier proceso que este coordine. Algunos de los signos y síntomas de convulsiones son:
    • Confusión temporal
    • Episodios de ausencias
    • Movimientos espasmódicos incontrolables de brazos y piernas
    • Pérdida del conocimiento o conciencia
    • Síntomas psíquicos, como miedo, ansiedad o déjà vu

    Los síntomas varían según el tipo de convulsión. En la mayoría de los casos, una persona con epilepsia tenderá a tener el mismo tipo de convulsión en cada episodio, de modo que los síntomas serán similares entre un episodio y otro.

    Generalmente, los médicos clasifican a las convulsiones como focales o generalizadas, en función de cómo comienza la actividad cerebral anormal.

    Convulsiones focales

    Cuando las convulsiones aparentemente se producen por actividad normal en una sola parte del cerebro se conocen como convulsiones focales (parciales). Estas convulsiones se dividen en dos categorías:

    • Convulsiones focales sin pérdida del conocimiento.Estas convulsiones, antes llamadas convulsiones parciales simples, no causan pérdida del conocimiento. Pueden alterar las emociones o cambiar la manera de ver, oler, sentir, saborear o escuchar. También pueden provocar movimientos espasmódicos involuntarios de una parte del cuerpo, como un brazo o una pierna, y síntomas sensoriales espontáneos como hormigueo, mareos y luces parpadeantes.
    • Convulsiones focales con alteración de la conciencia. Estas convulsiones, antes llamadas convulsiones parciales complejas, incluyen pérdida o cambio del conocimiento o la consciencia Durante una convulsión parcial compleja quizás mires fijamente en el espacio y no respondas a tu entorno, o tal vez o realices movimientos repetitivos, como frotarte las manos, mascar, tragar o caminar en círculos.

    Los síntomas de las convulsiones focales pueden confundirse con otros trastornos neurológicos, como migraña, narcolepsia o enfermedades mentales. Se necesita hacer un examen minucioso y estudios para distinguir la epilepsia de otros trastornos.

    Convulsiones generalizadas

    Las convulsiones que aparentemente se producen en todas las áreas del cerebro se denominan convulsiones generalizadas. Existen seis tipos de convulsiones generalizadas.

    • Las crisis de ausencia, previamente conocidas como convulsiones petit mal, a menudo ocurren en niños y se caracterizan por episodios de mirada fija en el espacio o movimientos corporales sutiles como parpadeo o chasquido de los labios. Pueden ocurrir en grupo y causar una pérdida breve de conocimiento.
    • Crisis tónicas. Las crisis tónicas causan rigidez muscular. Generalmente, afectan los músculos de la espalda, brazos y piernas, y pueden provocar caídas.
    • Crisis atónicas.Las crisis atónicas, también conocidas como convulsiones de caída, causan la pérdida del control muscular, que puede provocar un colapso repentino o caídas.
    • Crisis clónicas. Las crisis clónicas se asocian con movimientos musculares espasmódicos repetitivos o rítmicos. Estas convulsiones generalmente afectan el cuello, la cara y los brazos.
    • Crisis mioclónicas. Las crisis mioclónicas generalmente aparecen como movimientos espasmódicos breves repentinos o sacudidas de brazos y piernas.
    • Crisis tonicoclónicas. Las crisis tonicoclónicas, previamente conocidas como convulsiones de gran mal, son el tipo de crisis epiléptica más intenso y pueden causar pérdida abrupta del conocimiento, rigidez y sacudidas del cuerpo y, en ocasiones, pérdida del control de la vejiga o mordedura de la lengua.

Busca ayuda médica inmediata en cualquiera de los siguientes casos:

  • La convulsión dura más de cinco minutos.
  • La respiración o el conocimiento no retornan una vez que termina la convulsión.
  • Se produce una segunda convulsión de inmediato.
  • Tienes fiebre alta.
  • Sufres agotamiento por calor.
  • Estás embarazada.
  • Tienes diabetes.
  • Sufriste una lesión durante la convulsión.

El diagnostico de epilepsia se establece fundamentalmente a través de una historia clínica minuciosa. Dado que generalmente el médico no puede observar las crisis epilépticas tiene que basarse en la descripción realizada por el paciente y los testigos.

Además de la historia clínica, y de la exploración física y neurológica, se realizan algunas pruebas complementarias como análisis de sangre, electroencefalograma y pruebas de imagen como la TAC y la resonancia magnética craneal. Todo ello nos permite establecer además del diagnostico de epilepsia, identificar el tipo de síndrome epiléptico, y en algunos casos, la causa de la epilepsia.

Hay que recalcar que en muchas personas con epilepsia la exploración y las pruebas complementarias son normales por lo cual el diagnostico de epilepsia se basará fundamentalmente en la historia clínica.

La finalidad del tratamiento es conseguir la mejor calidad de vida posible. Para lograrlo es fundamental controlar las crisis con fármacos anti epilépticos sin efectos adversos junto con un estilo de vida sano que evite los factores desencadenantes de crisis.

Pero a veces no es suficiente controlar las crisis ya que una información inadecuada sobre la enfermedad, la incomprensión social o la ansiedad que genera el diagnostico pueden afectar a la calidad de visa a pesar de la supresión de las crisis.

Por otro lado a pesar de todos los tratamientos disponibles incluida la cirugía, más del 20 % de los pacientes presentan una epilepsia de difícil control en la cual no es posible controlar las crisis lo cual hace necesario mayor apoyo médico y social para lograr el objetivo de mejorar su calidad de vida.

 

Un aspecto muy importante cuando se diagnostica a una persona de epilepsia es facilitarle información acerca de la misma:

  • La epilepsia a través de páginas Web sobre epilepsia y asociaciones de epilepsia.
  • La repercusión de la epilepsia y su tratamiento sobre otras condiciones de salud.
  • Los posibles efectos adversos de la medicación, incluyendo los efectos cognitivos, emocionales, físicos y sexuales.
  • Limitaciones en la conducción de vehículos.
  • La repercusión de la epilepsia y del tratamiento sobre la salud de las mujeres con respecto al ciclo menstrual, la gestación, embarazo y menopausia.
  • Hay que explicar con honestidad a los pacientes los conocimientos insuficientes sobre el tratamiento de la epilepsia, por lo cual pueden ser
    necesarios múltiples ensayos antes de encontrar el tratamiento adecuado para un paciente en concreto.
  • Referir los pacientes que lo precisen a los Servicios Sociales para orientar y ayudar sobre la formación profesional y búsqueda de empleo y solicitud de minusvalía, si procede.

Remisión de las crisis:
la terapia con fármacos anti epilépticos (FAE) y un estilo de vida sano permite el control de la epilepsia en más del 70 por ciento de las personas.

Remisión sin medicación: después de más de dos años sin crisis en algunas personas se puede retirar la medicación sin que recidiven las crisis; en otros casos es necesario continuar con la medicación de manera indefinida.

Epilepsia de difícil control. En el 30 por ciento no se controlan de entrada las crisis epilépticas con medicación. En estos pacientes es necesario realizar una seria de actuaciones por etapas:

  • Diagnóstico: La primera etapa es confirmar el diagnostico de epilepsia farmacorresistente.
  • Tratamiento quirúrgico: el siguiente paso es valorar la posibilidad de tratamiento quirúrgico.
  • Otros tratamientos: cuando nos es posible o falla el tratamiento quirúrgico otros tratamientos pueden ayudar al control de las crisis.
  • Tratamiento global de la epilepsia de difícil control: en los pacientes en los que no se consigue hacer cesar las crisis epilépticas el tratamiento médico es más complejo basado en la politerapia con fármacos anti epilépticos (FAE) con intentos terapéuticos con los diversos fármacos disponibles. Estos pacientes tienen además más comorbilidad y mayores dificultades de adapta- ción social, por lo cual necesitan un tratamiento más especializado con equipos multidisciplinarios.

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